Nuestro Lema 2009-2010:
Nuestro lema del año es nuestro empuje, nuestro ideal, de donde venimos y a donde el Padre nos está llamando. Durante el año luchamos por inscribirlo en cada uno de nuestros corazones, de llevarlo a los demás, y de conquistarlo juntas como Rama de la Juventud Femenina.
El lema de este año 2009-2010 nace de nuestro anhelo de vivir en constante unión con María, nuestra gran educadora. Así como Ella fue educada por el Padre Dios durante toda su vida, le pedimos que nos acoja en nuestra pequeñez y nos haga cada día más parecidas a Ella. Queremos que nos forme, que nos enseñe a ser instrumentos que dan un “Sí” alegre ante cada situación.
Confiamos en que nuestra Madre se encargará de ayudarnos a dar salto mortal tras salto mortal, a lanzarnos en el mar de amor de Dios. Un mar que nos invita a ser niños, a confiar, a ser valientes, a sacrificarnos. Un mar que por muy grande u oscuro que sea, nos sostiene al final de cada salto. Un mar en el que sabemos que no existe el dolor o la incomprensión, pues la misericordia del Padre es infinita.
Aceptando nuestra pequeñez de hijas le pedimos:
“¡Madre, edúcanos para así lanzarnos en Su mar de amor!”
Nuestro Lema 2008-2009:
"¡En tus huellas Padre, iluminamos el camino a la santidad!"
Nuestro lema del año es nuestro empuje, nuestro ideal, de donde venimos y a donde el Padre nos está llamando. Durante el año luchamos por inscribirlo en cada uno de nuestros corazones, de llevarlo a los demás, y de conquistarlo juntas como Rama de la Juventud Femenina.
El lema de este año 2008-2009 nace de nuestro amor al Padre Kentenich. Decimos “En tus huellas Padre” porque él es un ejemplo de vida y santidad para nosotras; reflejo del Padre Eterno y de nuestra MTA. Ya que fue un “gigante” entre los hombres, para poder seguirlo queremos caminar en sus huellas, por medio de una profunda relación personal con él. Sabemos que nos guiará y nos acogerá como pequeñas hijas para que podamos ser fieles portadoras de su herencia, y como él, un reflejo de nuestra Reina y Madre.
También decimos “iluminamos el camino a la santidad” pues este es nuestro mayor anhelo: transformarnos en luz radiante para el mundo de hoy (en especial el de la juventud), que se encuentra sin rumbo y perdida en lo mundano. El Padre nos llama a ser esa diferencia, esa fuerza, ese “faro” que guía los barcos perdidos por un nuevo camino: hacia lo más alto, hacia la santidad, hacia Dios.
